Universidad de California propone su primer límite de inscripción, del 20%, para estudiantes foráneos

En los últimos años, muchos estudiantes de California han expresado su consternación por lo difícil que es ingresar a un campus de la Universidad de California, incluso con calificaciones espectaculares y actividades extraescolares, mientras que muchas vacantes se destinan a estudiantes de otros países y estados.

El año pasado, los legisladores amenazaron con retener $18.5 millones si el sistema universitario público no establecía un límite para los alumnos extranjeros.

Este lunes, la UC finalmente hizo algo al respecto y propuso un límite del 20% en todo el sistema sobre la inscripción de los estudiantes de pregrado no residentes, y prometió seguir dando máxima prioridad a los californianos. En otoño de 2016, el número de estudiantes no residentes fue de 34,673, es decir un 16.5% de los 210,170 estudiantes de pregrado del sistema.

 Será el primer límite de este estilo para la universidad de 10 campus. Los funcionarios de UC esperan que sea suficiente para que las autoridades estatales liberen los fondos. 

Una mordaz auditoría estatal, que la presidenta de la UC, Janet Napolitano, condenó como injusta e injustificada, descubrió que la institución perjudicaba a los estudiantes de California al admitir demasiados solicitantes foráneos.

La portavoz de la UC, Dianne Klein, afirmó que la política propuesta equilibra las necesidades de los estudiantes de California con los beneficios que esos alumnos extranjeros aportan, las perspectivas diversas, así como millones de dólares en ingresos por matrícula adicional, los cuales sumaron casi $550 millones de dólares en 2016-2017. Esos fondos ayudaron a UC a aumentar su matrícula de estudiantes de California a máximos históricos este año, remarcó Klein, aun cuando el apoyo estatal por alumno de la UC ha caído a menos de la mitad en comparación con dos décadas atrás.

“La política es muy clara: los estudiantes no residentes serán un agregado y no un reemplazo de los residentes de California”, aseguró Klein. “Pero acepta la realidad de que necesitamos de ese dinero para ayudar a financiar a los universitarios de California... No podemos depender del estado para suministrar esos fondos que necesitamos para mantener la calidad académica de los alumnos del estado”.

 Los miembros del profesorado no están entusiasmados con el límite, advirtió la presidenta del Senado Académico de la UC, James Chalfant. Se oponen a una “cuota arbitraria”, dijo, que podría obligar a la universidad a rechazar a los mejores y más brillantes y renunciar a los dólares adicionales necesarios. El grupo ha presentado una alternativa que impondría límites de inscripción solamente en los campus en donde la expansión de los alumnos foráneos perjudique a los californianos y solamente después de que la UC reciba fondos suficientes para mantener su calidad.

“Entendemos por qué está ocurriendo esto”, aseveró Chalfant. “Pero estamos decepcionados porque pensamos que la conversación debería ser acerca de cómo esos ingresos [de no residentes] benefician a todos los estudiantes, en lugar de a un número fijo de ellos”.

Shelly Tan, una madre de familia del área de Los Ángeles, expresó que los  estudiantes calificados de California deberían tener ventajas. Hace dos años, su propia hija fue rechazada por sus tres principales opciones de la UC, a pesar de los puntajes SAT y de un promedio de calificaciones por encima del 90 por ciento. La joven terminó en un cuarto campus de la UC. “Dado el clima económico y la competencia, los padres de California tienen que empezar a ser egoístas”, manifestó Tan. “No podemos ser sólo liberales y dejar que todo el mundo entre”. 

Conforme la propuesta, que será considerada por la Junta de Regentes la semana próxima, a los tres campus más populares del sistema se les permitirá mantener pero no aumentar sus proporciones de estudiantes universitarios no residentes: 24.4% en UC Berkeley, 22.9% en UC San Diego y 22.8% en UCLA, detalló Klein.

 La proporción de alumnos no residentes en los otros campus abarca desde el 18.9% en UC Irvine a menos del 1% en UC Merced. A cada uno de esos planteles se les permitiría crecer hasta un 20%, siempre y cuando no se supere el límite de todo el sistema. La política será examinada cada cinco años como mínimo, tomando en cuenta el apoyo estatal, remarcó Klein. 

Aún no queda claro si la propuesta -en caso de ser aprobada por los regentes- será satisfactoria para los funcionarios del estado y liberaría los 18.5 millones de dólares en fondos. El asambleísta

Kevin McCarty (D-Sacramento) el año pasado propuso un proyecto de ley que hubiera limitado la inscripción de los no residente a las cifras actuales, pero la propuesta de la UC permite un crecimiento continuo.

“Es un paquete mixto”, resaltó McCarty acerca de la propuesta de la universidad. “Finalmente, después de todos estos años, la UC está a punto de establecer una firme política de no residentes que nos ayudará a darle prioridad a los chicos de California. Esperábamos que el límite fuese realista con la actualidad. Está cerca, pero aún queda un poco corta”. 

Entre 2007 y 2016, el decreciente apoyo estatal llevó a la UC a cuadruplicar su población de estudiantes de pregrado no residentes. Aun así, ese porcentaje es menor que el promedio de 27.9% que manejan los 62 miembros de la Asociación de Universidades Estadounidenses de élite.  La población de estudiantes residentes de California aumentó en un 10% durante ese período. Este otoño, la UC espera inscribir a 2,500 californianos adicionales como parte de un acuerdo con el estado para añadir 10,000 alumnos residentes más para 2018.

Klein afirmó que el dinero extra de los no residentes, quienes pagan cerca de $27,000 más en matrícula anual que los californianos, han ayudado a las escuelas a contratar y retener a los profesores, añadir cursos para disminuir el tamaño total de las clases y comprar materiales para la biblioteca, equipos de instrucción y tecnología. Los ingresos de los no residentes también han impulsado la ayuda financiera para los californianos, con un promedio de $700 por alumno, remarcó.

La competencia por vacantes ha sido especialmente feroz en la UCLA, la cual se convirtió en la primera universidad del país en recibir más de 100,000 solicitudes de primer año para el otoño de 2017. El campus de Westwood triplicó su número de estudiantes universitarios no residentes mientras que redujo su número de alumnos de California en 4% entre 2008 y 2015. Sin embargo, la UCLA añadió más de 1,000 californianos el otoño pasado.

 El rector de UCLA, Gene Block, remarcó que el dinero de los no residentes proporcionó un salvavidas para el campus después de que el apoyo estatal para la educación de pregrado disminuyera significativamente después de la recesión de 2008. Gracias al dinero extra, la UCLA fue capaz de añadir cursos, los cuales han ayudado a los estudiantes a acortar el tiempo necesario para graduarse en menos de cuatro años. 

“Financieramente, marcó una gran diferencia”, aseguró Block. “Nosotros no podríamos haber logrado esas tasas de graduación sin los recursos adicionales”.

Sin embargo, Block y otros subrayaron que los estudiantes no residentes no son sólo fuentes de dinero. Danny Siegel, presidente del cuerpo estudiantil de pregrado de la UCLA y nativo de Long Beach, expresó que su amistad con un estudiante chino lo ayudó a salir de su zona de confort cultural y logró que asistiera a los eventos del año nuevo chino, realizados este año en el campus. Dijo que también aprecia aún más las libertades de los Estados Unidos después de haber escuchado las historias de su amigo sobre la censura de los medios sociales en China. 

“He vivido en una burbuja en Los Ángeles toda mi vida, por lo cual es genial escuchar perspectivas de distintos lugares”, manifestó Siegel.

Su amigo internacional, Jack Guo, aprecia la investigación superior y las oportunidades empresariales de California, y espera haber ayudado a sus compañeros de UCLA a entender mejor a China. “No tenemos que preocuparnos por recibir un disparo en la calle”, comentó que les dijo a los estudiantes, quienes en una clase de ciencias política criticaron al gobierno autoritario de China. 

Shane White, profesor de la Escuela de Odontología de UCLA, recordó a un estudiante internacional quien “había catalizado” una discusión de clase sobre el control del dolor cuando dijo que su pueblo africano no tenía acceso a la anestesia durante los trabajo dentales. “Fue algo sorprendente para los jóvenes estadounidenses, algo que nunca les ocurriría”, expresó White.

Susan Cochran, una profesora de epidemiología y estadísticas que dirige el Senado Académico de UCLA, remarcó que la “estrechez de ser californiano” se hizo evidente en el estado abrumado de sus estudiantes cuando Donald Trump ganó la presidencia.  “California es culturalmente tan diferente del resto del país; nuestros hijos crecen aquí y creen que así es el resto del país”, dijo. “La diversidad de estudiantes de otros estados y países realmente les abre los ojos”.

Los principales impulsores de la propuesta probablemente serán las familias de California, como los Uriarte, del sur de Pasadena. Katherine Uriarte, hija de inmigrantes mexicanos y la primera en su familia en asistir a la universidad, aprobó con calificaciones excelentes seis exámenes de Colocación Avanzada, obtuvo puntuaciones altas en el examen ACT y ganó varios premios, entre ellos el prestigioso Premio de Oro de las Girl Scouts. Pero fue rechazada por UCLA y UC Berkeley para la admisión de otoño de 2015. 

Uriarte está más que feliz en la Universidad de Columbia, donde está en segundo año y se especializa en Biología Ambiental, aunque dijo que los estudiantes de California deben ser favorecidos por la UC porque sus padres pagan impuestos para apoyar dicha universidad. 

“Me gusta la idea de atraer a estudiantes foráneos debido a las perspectivas que aportan”, expresó. “Pero quedarte fuera de esa universidad porque no puedes aportar el dinero que ellos quieren es bastante molesto”.

Traducción: Diana Cervantes

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